martes, 30 de enero de 2007

lunes, 29 de enero de 2007

obsesiones

esta pena mia que no sabía nadie,
vivirla sin pesares.


y decimos ayer a la noche cuando fue hoy a la madrugada

·

viernes, 19 de enero de 2007

Sólo la naturaleza


Llegar al cielo,
es perfecto, esto es perfecto.
La Tierra gira sobre su eje, todo se repite.

Es el momento, la eternidad.

Como supe que estábamos perdidos



Liberen a las piedras,
no crearon ellas al humano. Debe fallar su culpabilidad.
Así supe que estábamos perdidos, junto amarilla y blanca de la ruta.

Hermanos y raices



Yuxtapuestas bibliotecas nacen del mismo tronco,
libros se acarician hoja a hoja,
dan el fruto verde del ramal.
Los colores del escenógrafo preceden su firma.
El ave en la rama: Amor de piedras y lámparas.
Una flor en el pasto ilumina las hormigas.

Las ruedas no respetan su paso.

Realidad, sueño.



Una continuidad intermitente es mi cuántica fractal.

caminos


El cielo azul, no color mar.
Nube blanca, esponja verde, rojo vegetal.
Hueco en el cielo espía su edén, ramas se asoman al horizonte eléctrico
donde las águilas, sus cables melenudos.
Flor amarilla color camión,
coima colaboración.

Durante un bostezo forzado se producen vibraciones en "grave", que si están sobrexpuestas por un acúfeno, son acompañadas por un trino de vibraciones en "agudo" de menor duración, sin embargo, el "grave" también termina y el único sobreviviente es el acúfeno, segundo "agudo" de constante (intermitente) permanencia, pero de variable intensidad. Ahora si bien, uno inhalara profundamente (y veloz) a través de la garganta, conseguiría un temporal silencio del mismo (acú), pero una fantasía hilarante de pánico, especialmente en posición horizontal, sobrellevaría al individuo a soltar el aire consiguiendo así el alivio y una nueva (temporal) interrupción del acúfeno. Repitiendo el procedimiento seguidas veces, el acúfeno no cederá y el temor (tensión o suspenso) aumentará, creando una fantasía ficcional de terror, que posiblemente consiga derivar el acúfeno a un sinfín de voces vociferando dialectos extraños que tratarás de imitar hasta atragantarte con la propia mucosa. Sólo el placer satisface la demanda fantasiosa de pánico causada por tal pecaminosa alucinación de terror; llevándose consigo cualquier síntoma auditivo, incluso de percepción, que ésta haya contraído (siempre y cuando no confunda el pestañeo de los ojos en constante rozamiento con la almohada con los pasos de un extraño en el jardín)

La copla


El niño que llora, espera en mano un huevo hervido bajo el agua fría. Un seno abierto, calor desde adentro. En vano las distracciones; reclama por su dulce, en brazos de su madre. Carga en la espalda yo no sé qué: en los ojos, el reflejo, un aliento al vuelo, el aleteo de un diario en los trinos de la iglesia: Plaza central. Las piedras que sostienen mi cándida rodean el agua, en silencio apagada. ¿Cómo ascienden las ramas de la tierra dura por árida, conservando la flor que ilumina el termo del ojo que la escucha?