lunes, 11 de febrero de 2008

Contradicciones certeras (inciertas)

Miento, todo el tiempo miento. Te miento, no he hecho otra cosa que mentirte. Me carcomen las vibraciones palpitantes y sudorosas del vientre al entrecejo por el clamor de mis palabras enceguecidas por un hábito enfermizo. La mentira, fuerte y orgullosa, constante invaluable. Miento, como en antaño los jesuitas y en destiempo cientos de mujeres desventuradas en la insatisfacción lo han hecho eternamente. No hago más que mentir y jamás podré cambiarlo. Por eso, disentido, sin afectos, he de confesarme; tampoco he sentido el recorrido de las fuerzas hipnagógicas de cavernas tibias y voluminosas, ni el desdén evocador de sentimientos majestuosos tras recóndita miseria. No he presenciado la tentación carnal de los espectros interinos, como tampoco escuchado palabras hermosas del ronroneo estático de la locuacidad. Así como tampoco he presenciado la esplendorosa y brillante sonoridad azulada que acobija el bamboleo de sueños digitados por la mirada intermitente de la belleza. No he sentido la furia, ni la indiferencia a tu pueril idiosincrasia temperamental y retorcida que divaga entre la contemplación inhóspita de los estupefacientes naturales más vívidos a la exaltación insólita de las margaritas blancas y amarillas. El amarillo! Radiante y traidor convaleciente a distancia; el jugo dorado, musa expendedora de engaños que resienten en el estómago. Aquella fiebre verdosa de pasión jamás explorada por la vicisitud de tu ausencia. Nunca acuné en mis plegarias la nostalgia de pestañas, largas y delgadas, independientes e incitantes pestañas parpadeantes. He mentido si alguna vez he dicho retorcerme en el tumulto estridente de las trompetas que avivan tu entrada sigilosa a la que debo fingir no presenciar en busca de tu atención. Jamás pude dar un paso más allá de las calumnias y vociferaciones verborrágicas enaltecidas por flautines de dispersos colores adyacentes que abrazaran con paciencia el soslayo de tus labios al ras del ennegrecido pelo. Nunca han sido cálidas, alma ni palabras, ¡ninguna ni ambas!. No he sido portador de tu esencia ni de arpegios discordantes con los que marchabas risueña y cándida bajo la resolana. Confieso y sólo miento, todo el tiempo, no hay nada de amor en eso, sólo ingenio y despecho.

3 comentarios:

cecilia dijo...

tremendo viaje. lo mío es viajecito adolescente que lo pago noventa centavos. el tuyo sale uno sesenta y es cochecama ejecutivo.

p. dijo...

"el lenguaje es un virus. hablar es mentir, vivir es colaborar"
(William Burroughs)

pablo(runa)

*HiZaDoRa* dijo...

sos filooooosovosche